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Infarto y angina de pecho, no son cosa de juego
20 de febrero, 2008
Los Ángeles --
Estudios médicos determinan que los ataques cardiacos en las mujeres raramente tienen el mismo síntoma dramático del cual padecen los hombres cuando tienen uno. A través del tiempo se ha conocido que quienes lo padecen presentan dolor intenso en el pecho y sudor frío en el cuerpo. En las películas y telenovelas hemos podido ver a los actores dramatizando una escena de ataque al corazón agarrándose el pecho y luego caen al suelo. Pero eso es televisión. En la vida real el patrón puede variar.
En el caso particular de mi madre, ella no ha sido la única que ha padecido las consecuencias de una enfermedad cardíaca. Nosotros, sus familiares, también hemos tenido que aprender a vivir con su condición que, dicho sea de paso, nos ha mantenido alertas y más unidos que nunca a pesar de las distancias que nos separaban: ella en Venezuela y yo en Estados Unidos. Hoy en día mi madre se mudó a este país y su bienestar depende de sus autocuidados, del control de su tratamiento y el ambiente familiar alejado de las extremas emociones que le podemos ofrecer. Mi madre María Celeste es una mujer de 58 años a quien hace 14 le diagnosticaron angina de pecho (presión en el centro del pecho, producida por una insuficiencia de sangre oxigenada al corazón). Desde entonces se ha mantenido bajo control mediante el consumo de sus medicamentos, tras haberse visto sometida a tres cateterismos y la colocación de un par de stens (mallita dentro de las arterias para regular el flujo sanguíneo). La primera vez que María Celeste sintió dolor de pecho fue mientras dormía. Estaba dormida y de pronto el dolor me despertó. Sentí que me apretaban el pecho y comencé a sudar. Sentía que me faltaba la respiración y eso fue por casi cuatro minutos. Como pude me levanté y me preparé un te de anís. Pensaba que se trataba de un aire (un gas) que había cogido. Luego el dolor desapareció". A los pocos días, mientras estaba subiendo las escaleras de su casa el dolor volvió. Fue igual por casi 3 minutos y otra vez me faltaba la respiración. Pero me quedé tranquila y reposé sentada en mi cama. El dolor se calmó. Pero desde ese momento me comencé a preocupar, comenta. El tiempo pasó y María Celeste continuó normalmente su vida hasta que tuvo que viajar de emergencia. Su hermana estaba hospitalizada y al llegar de su viaje de cinco horas, María Celeste tuvo una gran impresión. Su hermana ya se había ido. El dolor de la perdida de mi hermana me impresionó mucho y estando en emergencia, sentía un dolor que me apretaba el pecho y hasta se me subió la presión. En ese momento me dieron por primera vez una pastilla (Isorbide) para colocarla debajo de la lengua y el dolor fue disminuyendo, cuenta María Celeste. Tras esa inolvidable experiencia, mi madre comenzó a visitar al cardiólogo, quien le hizo varias pruebas, incluido un electrocardiograma. Determinaron que tenía angina de esfuerzo, que es la obstrucción de calcio en las arterias por el alto contenido de colesterol en la sangre y para tratarlas tenía que someterme a un cateterismo. Su alto grado de colesterol ha hecho que el cuidado sea mayor, ya que el alto contenido de colesterol en la sangre, ya sea por el consumo de grasas en las comidas o por el colesterol malo que el mismo cuerpo produce, hace que le den mareos. El estar rodeada de mucha gente y en medio de una conversación con muchas personas a la vez hace que me maree, dice María Celeste que ha tenido que aprender a vivir con su padecimiento, mientras que Amada Cecilia, su hermana menor, de 52 años, también presenta un alto riesgo de enfermedad cardíaca por herencia de la abuela. "Yo no he sufrido de ningún ataque, pero si permanezco en control para prevenir ya que mi padre murió de un infarto y mi madre sufrió de presión alta toda su vida", comenta Amada Cecilia. El caso de Gladys Un caso de problema cardiaco que circuló en internet fue el de Gladys. "Yo tuve un inesperado ataque al corazón como a las 10:30 p.m. sin haber tenido ninguna exención, trauma emocional del que pueda uno sospechar fuera la causa. Estaba sentada muy abrigadita con mi gato en las rodillas en una noche muy fría, leyendo un libro, comenta Gladys de 56 años, que confundió los primeros síntomas de un infarto con una indigestión. Esta fue la sensación inicial. El único problema era que yo no había comido nada desde las 5 p.m. Pero sentía como si estuviera tragando una pelota de golf que bajaba por el esófago muy despacio e incómodo. |
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