Rinden tributo a soldado latino caído en Irak
16 de mayo, 2008
Entre banderas y flores, Miguel Guzmán, un cabo de los Marines, fue sepultado el miércoles en una colina cubierta de grama de Whittier un mundo aparte de la violenta calle iraquí donde murió.
Después de que fuese doblada la bandera que cubría su féretro y se soltaran 22 palomas para que volaran por el cielo de esa mañana, el hermano mayor de Guzmán, José Jr., se inclinó hacia el ataúd y dijo sencillamente: Te amo.
Miguel Guzmán, quien era mecánico, murió el 2 de mayo en Karma, un ex bastión insurgente ubicado en las afueras de Faluya al oeste de Bagdad , que últimamente ha sido considerado como un lugar seguro.
Su convoy no estaba en una misión de combate, pero en Irak ninguna misión fuera de la demarcación se considera de rutina ni completamente segura.
Él formaba parte de una misión que se efectuó entrada la noche para recuperar un vehículo averiado. Una bomba colocada a orillas del camino destrozó su Humvee, matándolo a él y a tres Marines más del 1er Grupo Logístico de Marines de Camp Pendleton.
Guzmán, de 21 años, futbolista y tenista, estuvo en un programa que prepara a estudiantes para la universidad en la Secundaria John
H. Glenn de Norwalk, pero después de graduarse en el 2004 se alistó en el Cuerpo de los Marines, deseoso de defender a su patria. Sus padres, José y Rosalba, originarios de Mexicali, México, son ciudadanos naturalizados de Estados Unidos. Sus hijos, José Jr., Miguel y Ricky, nacieron en este país.
Servir en las Fuerzas Armadas es una vocación muy especial, es la idea de proteger aquello en lo que tú crees, dijo el padre John-Paul González durante el servicio religioso en la Iglesia San Juan de Dios de Norwalk. Y no hay mejor forma de mostrar tu amor que dando tu vida por alguien.
Docenas de Marines asistieron al velorio y entierro de Guzmán. Era muy trabajador, siempre estaba activo, siempre dispuesto a ayudar, dijo el sargento Gavino Martínez.
La misa fúnebre y el servicio, efectuado junto a la tumba en el Rose Hills Memorial Park se realizaron mayormente en español. La presentación formal del Corazón Púrpura a los padres En nombre del presidente de Estados Unidos se hizo también en español.
Las cuatro muertes fueron las primeras sufridas por el grupo de logística, el cual se halla en su séptimo mes de despliegue. A los Marines se les hace difícil explicar el impacto emocional de estas muertes.
Es como perder a un familiar, dijo el sargento Dewayne Creary.
Más bien como perder a tu mejor amigo, dijo el cabo Matthew Savage.
Es cómo perder a un hermano, añadió el sargento Joshua Siroky.
Mientras velaban a Guzmán, una amiga de la familia, Linda Gómez, también expresó su pesar. Su hijo de 20 años, Thomas López IIl, también es Marine y está en Irak. La esposa de él está encinta y tienen un hijo de edad preescolar en la comunidad de Salinas, en el norte de California, dijo ella.
Gómez añadió que ella temía que, en memoria de su amigo, su hijo también se ofreciera de voluntario para misiones arriesgadas. Hoy en día, todo lo que uno puede hacer es aceptar las emociones de estos tiempos difíciles, comentó.
Antes del entierro, la tía de Guzmán, Leticia Guzmán, se irguió al pie del féretro y leyó una declaración de la familia. Las palabras finales serían las más difíciles e intentó en vano contener las lágrimas.
Hoy, dijo, al menos podemos celebrar que ya Miguel se encuentra en un lugar donde no hay más combates.
Después de que fuese doblada la bandera que cubría su féretro y se soltaran 22 palomas para que volaran por el cielo de esa mañana, el hermano mayor de Guzmán, José Jr., se inclinó hacia el ataúd y dijo sencillamente: Te amo.
Miguel Guzmán, quien era mecánico, murió el 2 de mayo en Karma, un ex bastión insurgente ubicado en las afueras de Faluya al oeste de Bagdad , que últimamente ha sido considerado como un lugar seguro.
Su convoy no estaba en una misión de combate, pero en Irak ninguna misión fuera de la demarcación se considera de rutina ni completamente segura.
Él formaba parte de una misión que se efectuó entrada la noche para recuperar un vehículo averiado. Una bomba colocada a orillas del camino destrozó su Humvee, matándolo a él y a tres Marines más del 1er Grupo Logístico de Marines de Camp Pendleton.
Guzmán, de 21 años, futbolista y tenista, estuvo en un programa que prepara a estudiantes para la universidad en la Secundaria John
H. Glenn de Norwalk, pero después de graduarse en el 2004 se alistó en el Cuerpo de los Marines, deseoso de defender a su patria. Sus padres, José y Rosalba, originarios de Mexicali, México, son ciudadanos naturalizados de Estados Unidos. Sus hijos, José Jr., Miguel y Ricky, nacieron en este país.
Servir en las Fuerzas Armadas es una vocación muy especial, es la idea de proteger aquello en lo que tú crees, dijo el padre John-Paul González durante el servicio religioso en la Iglesia San Juan de Dios de Norwalk. Y no hay mejor forma de mostrar tu amor que dando tu vida por alguien.
Docenas de Marines asistieron al velorio y entierro de Guzmán. Era muy trabajador, siempre estaba activo, siempre dispuesto a ayudar, dijo el sargento Gavino Martínez.
La misa fúnebre y el servicio, efectuado junto a la tumba en el Rose Hills Memorial Park se realizaron mayormente en español. La presentación formal del Corazón Púrpura a los padres En nombre del presidente de Estados Unidos se hizo también en español.
Las cuatro muertes fueron las primeras sufridas por el grupo de logística, el cual se halla en su séptimo mes de despliegue. A los Marines se les hace difícil explicar el impacto emocional de estas muertes.
Es como perder a un familiar, dijo el sargento Dewayne Creary.
Más bien como perder a tu mejor amigo, dijo el cabo Matthew Savage.
Es cómo perder a un hermano, añadió el sargento Joshua Siroky.
Mientras velaban a Guzmán, una amiga de la familia, Linda Gómez, también expresó su pesar. Su hijo de 20 años, Thomas López IIl, también es Marine y está en Irak. La esposa de él está encinta y tienen un hijo de edad preescolar en la comunidad de Salinas, en el norte de California, dijo ella.
Gómez añadió que ella temía que, en memoria de su amigo, su hijo también se ofreciera de voluntario para misiones arriesgadas. Hoy en día, todo lo que uno puede hacer es aceptar las emociones de estos tiempos difíciles, comentó.
Antes del entierro, la tía de Guzmán, Leticia Guzmán, se irguió al pie del féretro y leyó una declaración de la familia. Las palabras finales serían las más difíciles e intentó en vano contener las lágrimas.
Hoy, dijo, al menos podemos celebrar que ya Miguel se encuentra en un lugar donde no hay más combates.
