Festejo comunitario para las madres del Este de Los Ángeles
9 de mayo, 2008
Al escuchar las primeras notas musicales de "Las Mañanitas", la cara de Ángela Rojas brilló de emoción y se levantó automáticamente de la mesa donde compartía los alimentos con sus amigas para saludarlas una a una con un fuerte, efusivo y cariñoso abrazo.
Rojas no fue la única que fue embargada por los sentimientos en el evento realizado el miércoles en el Centro de Adultos Mayores de Evergreen, en el Este de Los Ángeles, para festejar el Día de la Madre. Los abrazos se confundieron entre las aproximadamente 70 mamás presentes, mientras las lágrimas se deslizaban por sus rostros, llenos de felicidad. Éste fue su día.
Esta es una fecha importante para mi. ¡Es grande!, expresó Rojas, de 75 años de edad y madre de siete hijos. Los tuve todos seguiditos en ocho años. Por ellos trabajé duro, para sacarlos adelante y me llena de orgullo pensar en ellos en esta fecha.
Las emociones eran visible por doquier. Josefina Juárez, de 87 años de edad y madre de dos hijos, apenas escuchó una cumbia y se lanzó a la pista de baile. Yo soy muy alegre, siempre me ha gustado bailar y ahora aprovecho para comer y bailar porque ya estoy mas allá que de acá, comentó Juárez con una dosis de broma.
En otra de las mesas, un grupo de homenajeadas disfrutaba unos taquitos mientras conversaban sobre esta festividad.
A mi me encanta el Día de la Madre, mi hijo me trae mariachis, me cantan las mañanitas y luego me llevan a comer, pero lo más importante es que se reúne la familia", expresó Angelina Salas, de 82 años y madre de dos hijos. "Estamos todos juntos, ¿qué más puedo pedir".
Para Josefina Valadez, la celebración es doble porque este es el día de su onomástico.
El 10 de mayo es el día de mi santo y, desde que tuve a mis hijos, la celebración es por partida doble, dijo Valadez, de 65 años y madre de siete hijos. Es un día muy grande, porque me siento atendida y feliz.
La coordinadora del lugar, Leonor Aguilar, dijo que en el centro hay cuatro clubes de adultos mayores y entre ellos se organizan para comprar la comida, contratar la música para el baile y las rifas.
Les encanta bailar y eso es bueno para que mantengan alegre el espíritu, dijo Aguilar, mientras observaba como poco a poco los asistentes colmaban la pista de baile. Esta semana habrán festejos hasta el viernes porque cada club realiza una actividad.
Para registrarse a uno de los clubes existentes, los interesados sólo necesitan visitar el Centro y obtener la información. Cada club cobra tres dólares al año y tienen juntas dos veces al mes. Ellos reúnen fondos con el juego de bingo para pagar actividades como la de hoy, comentó Aguilar. Yo también soy madre, abuela y bisabuela, disfruto y celebro con ellas en este día.
Sin embargo, la celebración del Día de la Madre no es alegre para todas, muchas recuerdan a sus progenitoras que partieron de este mundo. Sentada en una mesa como queriéndose apartar del bullicio estaba Martina Ávila, madre de cuatro hijos.
Esta celebración me pone muy triste, desde la muerte de mi madre dejó de ser alegre para mi, dijo Ávila, de 80 años de edad. Mis hijos me la celebran, pero la verdad es que, cuando llega el Día de la Madre, siento depresión, siempre ha sido así desde que ella ya no está con nosotros.
Rojas no fue la única que fue embargada por los sentimientos en el evento realizado el miércoles en el Centro de Adultos Mayores de Evergreen, en el Este de Los Ángeles, para festejar el Día de la Madre. Los abrazos se confundieron entre las aproximadamente 70 mamás presentes, mientras las lágrimas se deslizaban por sus rostros, llenos de felicidad. Éste fue su día.
Esta es una fecha importante para mi. ¡Es grande!, expresó Rojas, de 75 años de edad y madre de siete hijos. Los tuve todos seguiditos en ocho años. Por ellos trabajé duro, para sacarlos adelante y me llena de orgullo pensar en ellos en esta fecha.
Las emociones eran visible por doquier. Josefina Juárez, de 87 años de edad y madre de dos hijos, apenas escuchó una cumbia y se lanzó a la pista de baile. Yo soy muy alegre, siempre me ha gustado bailar y ahora aprovecho para comer y bailar porque ya estoy mas allá que de acá, comentó Juárez con una dosis de broma.
En otra de las mesas, un grupo de homenajeadas disfrutaba unos taquitos mientras conversaban sobre esta festividad.
A mi me encanta el Día de la Madre, mi hijo me trae mariachis, me cantan las mañanitas y luego me llevan a comer, pero lo más importante es que se reúne la familia", expresó Angelina Salas, de 82 años y madre de dos hijos. "Estamos todos juntos, ¿qué más puedo pedir".
Para Josefina Valadez, la celebración es doble porque este es el día de su onomástico.
El 10 de mayo es el día de mi santo y, desde que tuve a mis hijos, la celebración es por partida doble, dijo Valadez, de 65 años y madre de siete hijos. Es un día muy grande, porque me siento atendida y feliz.
La coordinadora del lugar, Leonor Aguilar, dijo que en el centro hay cuatro clubes de adultos mayores y entre ellos se organizan para comprar la comida, contratar la música para el baile y las rifas.
Les encanta bailar y eso es bueno para que mantengan alegre el espíritu, dijo Aguilar, mientras observaba como poco a poco los asistentes colmaban la pista de baile. Esta semana habrán festejos hasta el viernes porque cada club realiza una actividad.
Para registrarse a uno de los clubes existentes, los interesados sólo necesitan visitar el Centro y obtener la información. Cada club cobra tres dólares al año y tienen juntas dos veces al mes. Ellos reúnen fondos con el juego de bingo para pagar actividades como la de hoy, comentó Aguilar. Yo también soy madre, abuela y bisabuela, disfruto y celebro con ellas en este día.
Sin embargo, la celebración del Día de la Madre no es alegre para todas, muchas recuerdan a sus progenitoras que partieron de este mundo. Sentada en una mesa como queriéndose apartar del bullicio estaba Martina Ávila, madre de cuatro hijos.
Esta celebración me pone muy triste, desde la muerte de mi madre dejó de ser alegre para mi, dijo Ávila, de 80 años de edad. Mis hijos me la celebran, pero la verdad es que, cuando llega el Día de la Madre, siento depresión, siempre ha sido así desde que ella ya no está con nosotros.
