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'Nuestra norma es que el cliente quede satisfecho'

Por Blanca E. Ávila Colaboradora diario Hoy

Chciago --
Rogelio Piña, de 58 años, dice que llegó a Chicago de pura casualidad, ya que sólo pensaba visitar Tijuana. Ahora es dueño de Trans-O-Mex, una empresa que incluye dos talleres de transmisiones automáticas y mecánica general, el más antiguo ubicado en el 825 S. Western Ave., y el más reciente en el 5000 W. de la Cermak Road. Al mes le da servicio a cerca de 100 autos, tiene un crecimiento anual del 7% y le da empleo a diez personas, incluidos sus dos hijos mayores, Mario y Roger quienes han modernizado la administración del negocio.

Piña indica que llegó a Chicago hace 34 años, como la mayoría, “tratando de buscar un mejor modo de vida”, dijo. Atrás quedó su tierra de origen, Zitácuaro, Michoacán, y considera una herramienta muy útil el haber estudiado mecánica en el Centro de Capacitación para el Trabajo Industrial (CECATI) en el Distrito Federal, México.

“Siempre me ha gustado la mecánica, para mí el que no puede estudiar una carrera larga, por lo costosa que es, tiene una buena opción en esta profesión”, indicó este emprendedor quien asegura que la mayoría de los inmigrantes que llegan al país se aferran a lo que sea para salir adelante. “Pero uno debe buscar otra alternativa, buscar la llave del éxito y en mi caso la llave que me abrió muchas puertas fue el inglés, hablarlo fue muy importante para comunicarme con mis clientes”, dijo.

Arriesgarse y ganar

Piña relata que fue "busboy", empleado de una concesionaria y de un taller mecánico antes de tener su propio negocio.

“Un amigo me vio aptitudes para arreglar transmisiones automáticas y me animó a comprar un negocio que estaba en la Western y decidí endeudarme”, dijo Piña.

Este emprendedor relata que la misma persona lo conectó con una agencia que conseguía préstamos de la Small Bussines Administration, que le hizo un paquete de préstamo y le otorgó $75,000 en 1980 y de ese pequeño taller ubicado en la Western, salió para comprar el negocio de la Cermak, en 1993.

“Tomé mi negocio como un reto, sabía que podía, porque me defino como una persona positiva que nunca piensa en el fracaso”, asegura el emprendedor quien relata que todavía no le daban el préstamo y ya estaba planeando su negocio, incluso sabía cómo se iba a llamar, aunque nunca pudo encontrar un socio que se arriesgara con él.

Agrega que siempre piensa positivamente y después de 28 años ha podido sortear todo tipo de tormentas, sobre todo ahora que está respaldado por sus hijos a quienes también les interesó la mecánica.

Renovarse o morir

A pesar de que sus negocios están bien consolidados en el área de Cícero y Chicago, Piña dice que su mejor carta de recomendación es la actualización de su personal.

"El arreglo de autos ha cambiado muchísimo, ahora las computadoras son el alma de los autos, empezaron con una y ahora se pueden encontrar 15 a bordo", aseguró el emprendedor, quien agregó que exhorta a su equipo a mantenerse al día sobre las innovaciones automotrices para un buen desempeño en el trabajo, ya que al cliente "no le importa lo que vaya a pagar por la compostura de su carro, sino que éste quede bien y a nosotros nos da vergüenza que un cliente regrese porque no sirvió nuestro trabajo".

Piña indicó que esta actualización incluye a sus hijos, quienes continúan estudiando mecánica y dos o tres veces por año acuden a seminarios en varios estados relacionados a la industria automotriz. "Nuestra norma es que el cliente se vaya satisfecho", dijo.

Dice Piña que hace 15 años, visualizó a la Cermak Road como otra Calle 26, inundada de negocios hispanos y repite, no se equivocó.

"Tengo una clientela leal, somos eficientes y mis hijos han sido importantes en este prosperidad. Ellos me enseñaron a ver mi negocio en números, en gráficas, a ver las cosas con otra visión, con una visión empresarial”, relató Piña.