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El cacahuate, una fuente de vida

Sergio Ávila creó el “The Tiny Peanut Company” de la inspiración de su madre

Por Selene Rivera

"El negocio no es sólo para ganar dinero, sino para compartir a través de la venta el producto que te gusta, o en el que tanto crees", dice Sergio Ávila, un joven que hace tres años decidió compartir con la gente el sabor de aquellos cacahuates tostados que su mamá le preparaba cuando era niño.

En noviembre del 2005, Ávila creó "The Tiny Peanut Factory", el negocio en el que vende cacahuates en los tianguis abiertos del Este de Los Ángeles, La Puente y Whittier, y que gracias a su popularidad planea expandir sus visititas a otras ciudades del condado de Los Ángeles.

"Nunca imaginé que emprendería un negocio con ese olor y sabor hogareño de los cacahuates frescos y tostados", dice el negociante de 31 años de edad mientras pone el producto en pequeñas bolsas de papel. "Me encantan los cacahuates, y me gustan mucho más cuando se rostizan sin sal, preservativos o sabores artificiales", agrega Ávila.

De padres mexicanos, el emprendedor dice que su pequeña fábrica de cacahuates empezó con la inversión de 10,000 dólares para adquirir dos tostadores, varios barriles de vino para conservar fresco su producto, y la inspiración de su madre.

"Sin darme cuenta, todo empezó cuando era niño", dice Ávila. "Recuerdo que mi mamá cocinaba los cacahuates que compraba en el mercado y los hacía como botana. A mi me gustaba mucho ese sabor fresco y crujiente que los cacahuates adquirían, y cuando crecí busqué ese sabor por mi cuenta, pero nunca lo encontré", sostiene.

Según Ávila, salir a la calle y buscar el distinguido sabor de cacahuate crujiente era difícil, de hecho imposible, ya que todo cacahuate que encontraba venía embolsado, húmedo, con sabores artificiales o hasta rancios.

"Era una pena no poder encontrar los cacahuates de calidad, y recién salidos del comal. Por ese motivo, me decidí poner mi propio negocio y compartir con otros la comida natural que yo disfruté en mi niñez.

El negocio de Ávila empezó con el asamblado de dos tostadores especiales que su suegro le ayudó a hacer, varios barriles de vino y varias libras de cacahuate. "Los tostadores o tostadores tenían que ser especiales, hechos específi camente para tostar el cacahuate, conservar su sabor y darle una consistencia crujiente", dice Ávila.

En cuanto a los barriles de vino, agrega: "Estos son necesarios porque una vez que salen los cacahuates del tostador usualmente se embolsan, lo que hace que se humedezcan, pero a lo contrario de muchos, yo pongo el producto en el barril, y este absorbe la humedad y permite que quede la consistencia crujiente".

Para darle una identidad a su negocio, Ávila y su familia también crearon un dibujo de un pequeño cacahuate con sombrero que saluda al público mientras muestra una pala llena de cacahuates recién dorados. El dibujo caracteriza el puesto de Ávila y las tarjetas de negocio que reparte mientras vende.

Al paso de los años, dice Ávila, él ha aprendido que para tener un negocio exitoso no es necesario buscar el producto que vende más, sino el producto en el que negociante cree y quiere compartir con el cliente.

"Mi familia me apoyo siempre en la venta de este producto, pues no solo emplea como botana, también en el famoso mole que cocinan los mexicanos, las ensaladas de vegetales y los helados. La gente se acerca porque el olor los atrae, y porque prueban un producto fresco y calientito", sostiene Ávila.