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Con 21 años ya es dueño de su propio restaurante
El joven Diego Salvador Barrera, de padres mexicanos, maneja su local en Bellflower desde el año pasado. Su madre es la cocinera
Por Selene Rivera
Diego Salvador Barrera creció entre sartenes, mucha comida y gente con hambre. Hoy en día el joven de tan solo 21 años de edad le ha apostado en grande y a ganar a las "Cazuelas de Ana", un restaurante en la ciudad de Bellflower que inauguró con muchos esfuerzos hace poco más de un año.

"Me siento feliz y realizado por haber emprendido mi negocio, pero todavía quiero hacer aún más", dice el negociante de padres mexicanos antes de tomarse unos segundos para saludar a los clientes que llegan al 17022 ½ de Bellflower Boulevard.

"Mucha gente cree que estoy muy joven para haber abierto el restaurante, pero yo creo que entre más joven es mejor porque estás lleno de energía, tienes muchas ideas, y si tu negocio no da buenos resultados siempre puedes empezar de nuevo y sin temor", añade.

Para Barrera, el estar en la cocina y manejar todos los aspectos de un restaurante no es difícil, pues explica que sus padres abrieron un negocio de comida cuando él tenía tres años de edad, y decidieron cerrarlo cuando él cumplió los 16.

Literalmente "crecí en la cocina, y una vez que pude mis padres empezaron: Que saca la basura, que lava los trastes, limpia las mesas, o hazla de cocinero. Era un ambiente con mucha acción y me gustó mucho trabajar con la familia", sostiene el residente de La Mirada.

Al cumplir 18 años y graduarse de la preparatoria, Barrera ingresó a la Escuela de Artes Culinarias de California, en la ciudad de Pasadena, para estudiar hospitalidad y gerencia restaurantil.

"Mis padres se sorprendieron, pero hubo mucho apoyo. Yo para ese entonces ya tenía la noción de abrir mi propio restaurante y hacerme cargo de manejo general", dice Barrera.

Luego de terminar la escuela y hacer sus servicios en un hotel reconocido en Puerto Vallarta, México, el emprendedor regresó a Los Ángeles para comunicarle a su familia sobre su ambición y buscar locales para llevarla a cabo.

"Fue un total de 100,000 dólares lo que invertí en abrir el restaurante. Tuve que pedirle a mi familia dinero prestado, al banco y sacar mis pocos ahorros para comprar el local, equipo, permisos y seguro", sostiene Barrera.

En abril del 2007, el joven volteó por primera vez el anuncio de "abierto" puesto en la ventana del local cundo precisamente en ese momento se acercó su primer cliente.

"Me sentí contento y a la vez muy nervioso. Después de eso los clientes antiguos y nuevos siguieron llegando", dice.

Barrera comenta tener confianza en que su negocio tendrá éxito, aunque cree que los primeros años siempre son difíciles para todo negocio.

"No veo las ganancias porque todo es inversión y pagos, pero sé que después empezaré a ver el fruto de la cosecha", añade el joven a la vez que enfatiza que su meta no ha terminado, pues planea abrir más restaurantes y posiblemente iniciar una cadena.

Pero por ahora Barrera se enfoca en su primer restaurante, el cual lleva el nombre de su madre, vende comida mexicana estilo Jalisco; y de entre su amplio menú de antojitos sobresale el famoso menudo, el pozole, los tamales, tostadas y los sopes. En la cocina también trabaja la señora Ana, madre del emprendedor, algunos de sus hermanos y hasta sus tíos.

"Mi meta es que cuando la gente venga al restaurante sienta que está comiendo comida como en casa. No preparamos comida enlatada, y todo nuestro producto es fresco", dice Barrera. "Para mi la calidad de nuestro menú es importante, no me gusta vender por vender sino porque creo que lo que ofrecí es bueno. Es así como los clientes regresan", finaliza Barrera. •

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