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Cultura rock desde el Este de LA

Marco Prado es dueño de “La Casa del Rock”

Por Selene Rivera

Así como la música rock y su cultura llegó hace varias décadas para quedarse en los corazones de sus fanáticos, el mexicano Marco Prado llegó a Estados Unidos para quedarse y continuar esta tendencia con la apertura de su negocio Yoruba House, mejor conocida por sus clientes como "La Casa del Rock".

"Este negocio lo emprendimos un socio y yo como una inversión al dinero que teníamos ahorrado", dice Prado. "Y aunque en realidad empezamos vendiendo camisetas, el negocio nos dio buenos ingresos desde el primer día de su apertura y hemos logrado expandirlo", sostiene el emprendedor de 44 años de edad.

Localizado en el 4736 Whittier Blvd, en el corazón del Este de Los Ángeles, Yoruba House abrió sus puertas al cliente hace cinco años con una inversión total de 17,000 dólares; unos 12,000 dólares de depósito en rentas y otros cinco mil en camisetas.

Hoy en día, "el local cumplirá en agosto seis años de ofrecer al público roquero todo tipo de accesorios ligados a la cultura del rock; desde las famosas camisetas roqueras y la música que no puede faltar, hasta una gran variedad de joyería de plata, parches, calcamonias, inciensos y pipas de diferentes materiales".

Así también, "La Casa del Rock" provee servicios de tatuaje y perforación corporal para los roqueros que desean un gusto extra, y distribuye equipo de agujas y tintas a precio de mayoreo para los artistas del tatuaje.

Para el emprendedor, el trabajar e invertir sus ahorros en abrir negocios es todo un pasatiempo que empezó desde hace muchos años.

"Recuerdo que a los cinco años de edad ya trabajaba junto a mis hermanos cuidando y lavando vehículos. Siempre hice diferentes trabajos y crecí como un mil usos en la ciudad de México", dice Prado.

A los 18 años de edad, y con un alma aventurera, el emprendedor salió del Distrito Federal rumbo a Estados Unidos para visitar a una hermana en la región de Los Ángeles, pero decidió quedarse.

Prado obtuvo empleo en la construcción, y luego trabajó varios años como vendedor en varias tiendas de comida mientras estudiaba administración de empresas.

"Durante muchos años trabajé para diferentes compañías grandes de comida, el dinero que ganaba era muy bueno y empecé a ahorrar para emprender algún tipo de negocio", dice Prado. Con el paso del tiempo, el emprendedor logró graduarse de la escuela y abrir un pequeño restaurante en la comunidad de Lincoln Heights, una tienda de regalos y hasta un negocio de cosméticos, los cuales decidió cerrar por diferentes circunstancias.

Pero hoy en día, Yoruba, a lo contrario de otros negocios, ha llegado para quedarse, pues desde hace tres años Prado se convirtió en el único propietario del negocio.

"En este negocio, lo mas importante es servir al público como se debe, estar a su disposición para lo que desee y también guiarlo y en todo lo que es la perforación del cuerpo y los tatuajes", dice Prado.

"Si la gente desea venir y hacerse un tatuaje, ampliarlo o hasta transformarlo, aquí lo podemos hacer. En nuestro negocio somos limpios y tenemos ética, ya que todo trabajo lleva nuestro sello", agrega.

Pero como todo emprendedor, Prado no está a gusto con su negocio, pues planea ampliarlo y constantemente remodelarlo para que al entrar el cliente se sienta como en su hogar.

"Mis metas no están cumplidas. Me gustaría ampliar el negocio y poder emplear a más jóvenes de la comunidad para contribuir con la economía del vecindario", dice Prado.