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'No me incomoda la competencia'
Una inmigrante apuesta a un negocio de venta de productos naturales
Por Selene Rivera
Para los amantes de las fresas con crema, la fruta picada con chile, los jugos naturales, los licuados y los raspados, hay un proveedor que satisface el paladar de sus clientes: el Palacio de Frutas Thirsty's. Esto dice Olivia Acosta, dueña de este negocio ubicado en la ciudad de Downey.

"No hay nada mejor como nuestro local porque aparte de proveer una gran variedad de fruta picada, tortas y quesadillas sincronizadas, también proveemos una gran variedad de jugos y licuados naturales, hechos con productos completamente frescos y de calidad", sostiene la emprendedora de 42 años de edad.

El "Palacio de Frutas" abrió sus puertas a sus clientes hace un año, y aunque la competencia de por lo menos otros 10 negocios similares en la ciudad de Downey es fuerte, para la mexicana esta competencia es un incentivo para proveer un mejor servicio.

"No me incomoda pensar que tengo competencia, porque se que mis productos sobrepasan las expectativas del mercado, ya que nuestros precios son económicos y lo más importante, porque somos limpios y hay mucha higiene al trabajar con la comida", dice Acosta.

Pero la competencia y la lucha por mejorar, no surgieron al abrir la fuente de sodas, sostiene la emprendedora, surgieron del sueño y de querer prosperar en un país ajeno que le ha brindado la oportunidad de ser su propia 'jefa'.

"A los 17 años de edad, en 1983 dejé mi natal Jalisco, México, para llegar a vivir a Estados Unidos con un tío", compartió Acosta mientras atendía a los clientes.

"Siempre había soñado con tener mi propio negocio, ser mi propia jefa y prosperar en este país, ya que por muchas circunstancias, algunas veces es más difícil prosperar en el país de uno", dice. Sin temor, pero con mucha alegría, Acosta llegó a tierra estadounidense sin un permiso de estadía legal o documentos. "Le pagué a un coyote para cruzar la frontera, pero uno hace lo que puede para prosperar", sostiene con toda franqueza.

Como muchos jóvenes y adultos que se aventuran a vivir en Estados Unidos sin documentos, la joven tomó los trabajos que estaban a la mano, y los cuales no le pedían documentos.

"Por mucho tiempo trabajé en una fabrica de plásticos, y durante los últimos 12 años de mi vida trabajé en una fábrica de tornillos", dice la mexicana, un empleo del cual ya estaba cansada.

Al expresarle a su familia sobre sus planes de abrir una fuente de sodas, ellos la apoyaron y tanto ella como su esposo refinanciaron su hogar para hacer realidad su sueño con un costo de cerca de 60 mil dólares.

"La renta de mi hogar en la ciudad de Downey subió demasiado, la familia tuvo que sacrifi car mucho, y ahora estamos luchando para que sobreviva el negocio porque apenas tiene un año", dice la emprendedora.

Para Acosta, tener abierto un negocio en el 12121 Paramount Bulevar, es solo el principio de su sueño, así como el principio de una ardua jornada de trabajo.

"Para prosperar hay que intentar una y otra vez y no descansar, porque abrir un negocio, requiere mucha dedicación de tu tiempo", concluye.