Lo Último en Economía, Negocios y Valores - hoyinternet.com
hoyinternet.com
La mecánica de dirigir su propio destino
El mexicano Higinio Martínez logró en 15 años pasar de chofer en el DF a dueño de una escuela mecánica en LA
Por Selene Rivera
Higinio Martínez llegó a Estados Unidos con la meta de aprender mecánica y regresar a su natal México Distrito Federal, para poder obtener un trabajo mejor remunerado.

Pero su destino le deparaba un camino diferente. Con el paso del tiempo, el inmigrante de 40 años de edad se convertiría en director y dueño del Instituto de Enseñanza Automotriz Inc., que actualmente se encuentra en la ciudad de South Gate.

"Llegue a Los Ángeles cuando tenía unos 19 años para vivir con un hermano mayor", dice Martínez mientras toma unos minutos de descanso de su ocupado día para platicar con HOY. "La verdad, venía a este país a estudiar y regresar a México con mejores conocimientos y conseguir un buen trabajo, pero no fue así", agrega.

Martínez nunca pensó poner un negocio en Estados Unidos, y mucho menos una escuela de mecánica, pero en su meta por superarse, ayudar a las personas que como él deseaban tener una mejor vida, y algunas metas fallidas, lo impulsaron a abrir el instituto.

La primera meta fallida surgió al regresar a México y tratar de buscar un trabajo, dice Martínez. "Luego de haber estudiado mecánica automotriz un poco más de dos años en este país, y lograr algunas herramientas, regrese a México en busca de un trabajo, pero me di cuenta que era muy difícil establecerme".

Martínez "no tenia palancas", o una persona conocida que lo refiriera a las agencias de mecánica conocidas. "Desgraciadamente, aunque yo tenía conocimientos y méritos, nada de eso era válido en lugares donde sólo puedes entrar por contactos o recomendaciones. Traté de buscar trabajo estable durante un año y terminé como chofer de una familia", dice el emprendedor.

Desesperado por encontrar trabajo y desilusionado por lo bajo del sueldo cuando logró trabajo en los suyo fi nalmente, Martínez decidió regresar a Los Ángeles y empezar de nuevo como empleado de mecánica y trabajos de construcción.

Gracias a sus estudios, para 1991, el joven padre de familia logró un puesto como asistente de profesor de mecánica en Los Ángeles para después convertirse en maestro titular y desempeñar ese trabajo casi 12 años.

"Una vez como profesor me di cuenta de que al dueño de la escuela no le interesaban los estudiantes. Lo único que le interesaba era el dinero que veía en tanta persona que asistía a la escuela queriéndose superar y dispuesto a pagar dinero para aprender", dice Martínez.

Con el tiempo, el profesor se empezó a frustrar. "Me sentía mal al ver que no había sufi ciente material para que los estudiantes practicaran. Algunos estudiantes se quejaban, pero esas quejas desaparecían en el aire porque nunca eran escuchados. Me frustraba ver a tanta gente latina con ganas de aprender y terminar sus cursos

sin haber aprendido lo suficiente", sostiene. Para 1995, la frustración de Martínez no lo deja descansar y el maestro decide conseguir un segundo empleo en un taller de mecánica para poder ahorrar y abrir su propia escuela.

"Trabajaba unas 60 a 65 horas a la semana entre la escuela y el taller. No tenía tiempo para mi vida matrimonial o para mis hijos. Mi casa era el trabajo, pero estaba decidido a hacer una diferencia", comenta. "A veces me preguntaba si todo el sacrificio valía la pena, pero al final el propósito siempre fue ayudar a aquellos que como yo tenían el sueño de superarse", dice Martínez.

Para el 2001, Martínez ya había abierto el Instituto de Enseñanza Automotriz, Inc., en Bell y en 2004 tuvo que mudarse a unas instalaciones más grandes en la ciudad de South Gate. Actualmente su escuela de mecánica cuenta con ocho salones de clases, un taller totalmente equipado de práctica, una biblioteca y acceso a internet para los estudiantes. El instituto también da clases de computación.

"El instituto no ve a los estudiantes como ingresos, sino como personas que desean superarse. Por ello, les damos el servicio de enseñanza merecido. El éxito de mis estudiantes es mi éxito, un indicador de que estamos haciendo las cosas bien", agrega.