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Zapatos infantiles que provocan nostalgia

Por Blanca E. Ávila Colaboradora diario Hoy

Cícero --
Fabiola Morales soñaba con construir su jardín de niños allá, en su natal San Martín Texmelucan, Puebla, pero ante el comentario de sus paisanos que vivían aquí de que supuestamente se ganaban muy fácil los dólares, decidió emprender la aventura junto a su familia y hace cuatro años llegaron a Chicago, donde la realidad se les presentó diferente.

"Nos decían que aquí se ganaba muy fácil el dinero y pensamos que siendo eso realidad, en un año conseguiríamos el dinero para construir mi jardín de niños, pero al llegar, nos dimos cuenta de que es muy difícil", cuenta Morales, quien a las dos semanas de haber llegado fue sacada de sus vivienda junto a su familia y anduvieron en la calle.

"Cuando finalmente pudimos comprar una casa, descubrimos que nos habían defraudado y pensábamos que el sueño americano del que hablaba la gente, era pura mentira", subrayó Morales.

Lo que no sabía Morales es que, después de pasar ciertos apuros, a sus 35 años descubriría una nueva vocación que la ha llevado a la independencia económica.

Ante la frustración de no encontrar calzado adecuado para sus hijos Kevin, de 9 años, y Steve, de 11, decidió endeudarse con familiares y amigos para convertirse junto a su esposo Steve Carrasco, en los distribuidores de los zapatos Bubblegummers, Sandy y Chabelo, entre otros.

Fue así que, hace ocho meses nació My Super Star, 2139 S. 58th Ave., en Cícero, una tienda creada especialmente para niños que genera tres empleos de tiempo completo y con la que ha recobrado la confianza en un futuro brillante.

"Aunque estamos empezando, sabemos que es nuestro negocio y sé que en el futuro, abriré más tiendas y me convertiré en la distribuidora nacional de estas firmas de zapato de calidad 100 por ciento mexicano", dijo.

Los zapatitos del recuerdo

Morales cuenta que en su tienda el cliente va a encontrar zapatos especiales para niños, algunos de ellos de pura piel y de acuerdo con sus necesidades, ya que ante la ausencia de zapato ortopédico mexicano en la ciudad, ya introdujeron modelos de la marca Sandy.

Agrega que quisieron establecer la zapatería al estilo México, "con diseños infantiles para que cuando lleguen los niños se sientan contentos sólo por el ambiente, colocamos pelotas de colores en la pared, que ya casi están vacías porque a los niños les gustan y se las regalamos", dijo Morales.

El zapato estrella de esta tienda es conocido Bubblegummers, cuyo tema, recordó Morales era "los zapatitos más chavitos", que vuelven locos a niños y adultos.

"Tenemos clientes que se emocionan al ver los zapatos, porque nos dicen les recuerda su infancia en México", cuenta Morales. "Un señor me contó que sus padres les buscaban zapatos formales para una fiesta y escogió los Bubble Gummers, como no se los compraron lloró y ahora que es adulto, su familia le bromea acerca de cómo se iba a ver con sus botas de plástico en una fiesta formal", relató Morales.

La empresaria agrega que están introduciendo el zapato "lengüeta de gato", que sirven para gatear; así como el zapato de "impulso", para los primeros pasos del bebé; ambos son botas de piel.

Pero, ¿fue fácil que estos zapatos llegaran a Chicago? Morales cuenta que fue una odisea.

Todo un reto su importación

Después de tres años de luchar por una remesa de zapatos Bubblegummers, Morales obtuvo el contrato para poder distribuir el zapato en Chicago. "Nos pedían mucho dinero, la licencia del negocio, les envié la información y así me autorizaron el pedido", cuenta Morales y agrega que el papeleo es muy difícil, sobre todo cuando no se habla inglés.

La emprendedora cuenta que tuvieron problemas en la aduana del país porque los fabricantes de Bubble Gummers no enviaron la documentación completa, entonces los zapatos se quedaron en el Aeropuerto Internacional O'Hare, los encargados pusieron muchos peros, se quejaron del olor de la piel, que las etiqueta venían en español y más. "Estábamos desesperados porque teníamos una deuda enorme y nuestra mercancía estaba detenida en el O'Hare", dijo Morales, que confirma que el inglés es básico para los negocios."Pienso que si hubiera hablado inglés no hubiéramos tenido contratiempos, lo que pasó es que la importadora no supo hacer el trámite y lo retrasó".

Es por eso que Morales exhorta a los hispanos a aprender inglés, a echarle ganas y perder el miedo, "aunque no lo hablen bien, nunca se queden callados", dijo. "Si la gente se prepara y busca ayuda, lo puede hacer, yo hice los trámites sola y lo hice bien".