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Cuando piensa en México

Macario Schettino

Ciudad de México.- Me pregunto qué piensan los mexicanos que viven en Estados Unidos acerca de la discusión que tenemos en México sobre la reforma energética. Como ocurre con otras cosas, en México no sabemos bien a bien cuál es la posición de quienes emigraron. Algunos sugieren que, como la emigración creció al mismo tiempo que el régimen de la Revolución fracasaba, en consecuencia quienes se fueron siguen pensando en los términos del México de los años 70. Ésa es la interpretación más frecuente entre los simpatizantes del PRD, que por ello han insistido en incluir a los migrantes en las elecciones. Pero en la única ocasión en que esto ocurrió quien más votos obtuvo fue el PAN, pero debido a las dificultades del procedimiento, que se reflejó en una votación pequeña, no se puede deducir mucho.

Otros piensan que quienes se fueron de México no tienen una buena opinión de cómo se manejó el país en el siglo XX, porque el fracaso del régimen fue precisamente la causa de su migración.

No sabemos qué piensan quienes se fueron. A duras penas tenemos alguna idea de cuántos son, y en dónde están, pero eso viene más de los censos de Estados Unidos que de alguna estadística hecha en México. No sabemos si tienen alguna opinión sobre cómo debería gobernarse a México, aunque empezamos a ver que sí tienen opiniones sobre cómo debe gobernarse Estados Unidos. Los mexicanos han salvado a Hillary Clinton en Texas y California, y le han ayudado a no perder por mayor margen en otros estados.

Pero, ¿qué opinan los más de diez millones de mexicanos que viven hoy en Estados Unidos de la reforma energética? ¿Les parece bien que México siga siendo el único país petrolero del mundo con un monopolio? ¿Preferirían que esa industria se administrara como se hace en Estados Unidos? O tal vez ya no quieren saber nada del país, es decir, del Gobierno y la política.

No los culparía si ésa es su visión. Los que seguimos en México también nos hartamos de discursos vacíos, de personajes dudosos y de malas prácticas. De discursos vacíos como el que hoy sostiene el Gobierno en anuncios de televisión, tan vacío y falto de propuesta como el que lanza López Obrador en sus iracundas intervenciones en plazas públicas. De personajes dudosos como los que rodean al Presidente, como el recientemente nombrado secretario de Gobernación, incapaz de aclarar adecuadamente el límite entre Gobierno y empresa. De malas prácticas como las que el PRI ha utilizado para sostener gobernadores, o las que el PRD mostró en su elección interna, un nuevo fracaso.

Por eso muchos mexicanos han preferido irse del país. Porque no sólo su presente era malo, sino que el futuro pintaba peor. Muchos se fueron porque no tenían trabajo, pero muchos otros lo hicieron dejando un empleo. Se fueron porque nada en el horizonte les hacía imaginarse en una mejor situación.

Y así es. México no sólo cometió en error muy grave durante el siglo XX, apostando a una utopía irrealizable en la que sólo los vencedores de la Revolución pudieron mejorar, sino que ha sido incapaz, la sociedad entera, de dejar atrás las discusiones inútiles y los privilegios absurdos para entrar en un proceso de avance.

El fin del régimen de la Revolución, a mediados de los 80, se ha convertido en una dinámica de deterioro. México no ha sido capaz de acabar con las estructuras corporativas que destruyen la economía nacional, y al mismo tiempo hemos adquirido las dificultades propias de las democracias. En la suma, perdemos por todos lados, y el país se va rezagando con respecto a otros que sí han decidido hacia dónde quieren caminar, no sólo los asiáticos, sino en América Latina ante países como Chile y Brasil.

En México, según encuestas, la mitad de la población quiere que cambie la industria petrolera, y la mitad no. En ambos casos, no saben bien a qué se refieren por cambio, puesto que no ha habido una discusión pública con datos claros. Muchas opiniones se hacen fundadas en creencias y no con base en los datos. La mayoría no recuerda que México jamás fue una potencia petrolera, sino hasta que se descubrió el petróleo en Campeche, el gran manto que se llama Cantarell, y que está en declive. Se acabará en unos pocos años, tal vez en tres o cinco.

Hay quien cree que sólo una gran crisis, como la que podría ocurrir a causa del agotamiento de Cantarell, puede ayudar a los mexicanos a entender de qué tamaño son sus problemas. ¿Cree usted que así será? ¿Cree que México podrá cambiar antes? Usted, ¿en qué cree cuando piensa en México?

Macario@macario.com.mx

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