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Latinos: el motor tras las carreras de caballos

Por Andrea Carrión Diario HOY 213.237.4572 acarrion@hoyllc.com

Una serie de narices peludas en fila asoman antes de que lo haga el sol. Rafael García camina medio dormido frente a los seis caballos que tiene a su cargo y reparte trigo y agua frente a cada una de sus caballerizas.

Esta mañana le toca preparar a tres de sus caballos para salir a la pista. Aún es oscuro, se respira neblina y el aire es helado, pero Rafael no es el único. Como él se ven decenas de trabajadores agitando la madrugada y dando inicio al glamoroso y multimillonario mundo de las carreras de caballos.

Sin lugar a dudas hipódromo es sinónimo de apuestas. Por lo general los aficionados colman tribunas y taquillas en busca de la trifecta, cuatrifecta o la 'mulita' que los expulse de la pobreza. Y bueno, en caso la jornada no haya estado de su lado, al menos se llevan a casa el olor del 'hotdog' caliente con 'ketchup' y mostaza, la imagen de animales superando los 50 kilómetros por hora o la resaca de los gritos de la gente segundos antes de que sus favoritos cruzan la meta. Pero, ¿Quién deja el hipódromo pensando en la gente que hizo posible tanto espectáculo?

En un recorrido realizado por los distintos rincones del hipódromo Los Alamitos, ubicado al norte del condado de Orange, HOY se topó con un pedacito de México concentrado a pocos metros de las tribunas y los momentos de gloria. Ahí, entre las caballerizas repartidas en 42 cuadras y los casi 1,600 caballos que viven ahí, docenas de inmigrantes se encargan de alimentar, bañar, peinar, curar e incluso mimar a estos sementales, generadores de millones de dólares.

De acuerdo con Orlando Gutiérrez, director de mercadeo y publicidad del hipódromo Los Alamitos, el 95% de los casi 280 preparadores o 'grooms' que trabajan con los caballos son hispanos, mexicanos en su gran mayoría. Además el hipódromo cuenta con otros 300 empleados, de los cuales casi un 40% también es hispano.

"Sin ellos no existiríamos", sentencia Gutiérrez. El Dr. Edward C. Allred, el dueño de este lugar, siempre lo ha dicho. Los hispanos son el motor de este negocio. No habrían carreras si no fuera por ellos".

Un día en la 'cuadra' Las primeras personas en iluminar las cuadras (área en la que se encuentra un grupo de caballerizas) son los preparadores. Estos deben sacar a los caballos que entrenarán durante la mañana, alimentarlos con grano, heno y vitaminas, cepillarlos, limpiarlos con un trapo húmedo y ponerles la montura y la máscara con la que salen a la pista. Una vez que el caballo se va a calentar con su respectivo entrenador, el preparador limpia su establo separando el excremento del aserrín bueno, donde el caballo termina durmiendo y pasando la mayor parte del día.

Por lo general cada preparador tiene a su cargo entre cinco y seis caballos, pero sólo deben alistar tres caballos por mañana. Una vez que estos regresan de entrenar, antes de meterlos de vuelta a sus caballerizas los bañan con manguera, les refriegan la tierra con esponja y jabón y los secan con potentes extractores de aire para evitar cualquier pulmonía. Otro detalle que deben de cuidar es de no darle al caballo ni siquiera agua cuatro horas antes de su carrera para evitar cólicos, condición que puede matarlos. Al año estos animales han llegado a generar hasta 250 millones de dólares en apuestas para Los Alamitos, por ese motivo los animales reciben el cuidado de un recién nacido.

"Los tratamos con mucho cariño y respeto", comenta Gustavo López, quien lleva trabajando como preparador de caballos desde el 2000. "El caballo se da cuenta cuando uno lo cuida, es un animal muy inteligente, y como acá la mayoría somos gente de rancho entonces resulta más fácil", agrega este mexicano de 43 años de edad.

Rancho es precisamente el ambiente que se respira en el patio trasero de este hipódromo. Entre los establos es más común escuchar a la gente hablar en español y no es raro escuchar programas radiales es este idioma. La cultura que se ha cultivado en estas cuadras con los años es tan fuerte que incluso algunos anglosajones que tienen sus propios caballos aprendieron a hablar español para poder comunicarse con sus empleados.

Ese es el caso de Paul Jones, un californiano que llegó a Los Alamitos cuando apenas tenía 6 años de edad cuando su padre era entrenador. Hoy Jones es propietario de 60 caballos, entrena a otros 200 y pasó diez años como el mejor entrenador de este hipódromo.

"Yo hablo español porque me crié entre ellos. Yo entiendo su cultura, sé de dónde vienen y creo que por eso todos mis empleados son mexicanos", comenta Jones. "Ellos están acostumbrados a trabajar duro, a tratar con caballos, lo hacen desde chicos y aprenden la ética. Además llegan a este país con ganas de trabajar y ganar más dinero que en su país, mientras que a un estadounidense que tiene esas cualidades no le interesa este tipo de trabajo".

Pero dinero y pasión por la hípica no es suficiente para sobrevivir en este ambiente. En este hipódromo, como se da en otro centenar de hipódromos alrededor del mundo, existe una capellanía que los ayuda a superar los momentos de ansiedad que genera un trabajo con éste. Mañana, en la segunda parte de este reportaje, le presentaremos al capellán que ha traído equilibrio a los inmigrantes que viven y trabajan en Los Alamitos.

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Jaime Orellana
Con los caballos educa a sus hermanos

Jaime Orellana es uno de los pocos preparadores que no es mexicano en Los Alamitos. Él llegó de Guatemala hace dos años y hoy tiene cinco caballos a su cargo entre los meses de octubre y mayo. De mayo a octubre Jaime viaja por todo el país llevando caballos para que participen en distintas ferias de carreras de caballos.

Jaime, de 24 años de edad, recuerda que cuando era niño un tío suyo que trabajaba con caballos en Estados Unidos siempre mandaba a Guatemala fotografías de los establos y los animales. "Me gustaba tanto que él (su tío) terminó pagando mi viaje para trabajar acá", comenta.

El preparador, normalmente, es la última rueda del tren en este negocio, el trabajo es fuerte y Jaime cuenta que no le queda tiempo ni para estudiar pues pasa la mitad del año de nómade. Y además de las largas horas de trabajo, Jaime debe de lidiar con la lejanía y la falta de familia. Hace dos años que no los ve y debe de conformarse con el Internet y las tarjetas de teléfono.

"Este sábado fue el quinceañero de mi hermanita y me dio mucha pena perdérmelo, pero ¿Qué me hago allá? Por lo menos acá trabajo en lo que me gusta y con lo que me pagan -unos 400 dólares a la semana- me alcanza para enviar dinero cada dos semanas. Soy el mayor de cuatro hermanos y con ese dinero los ayudo con sus estudios... para que mis papás no se maten trabajando nunca más", agrega.
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Adan Farias papá y Jr.
Los Farias, los mejores de la pista

Adan Farias no tiene ni el más mínimo reparo en meterse al establo y sacar una carretilla cargada de excremento apestoso con sus propias manos. Lo hace desde que tenía 8 años y vivía en Michoacán, México, y hoy, pese a ser propietario de ocho caballos y trabajar en la cuadra con la mejor reputación de Los Alamitos, él continúa trabajando como cualquier preparador.

Llegó a Estados Unidos en 1972 y al principio tuvo que trabajar vendiendo repuestos de autos para poder sustentar su pasión y tener unos cuantos caballitos en Long Beach. Con los años consiguió tener 12 caballos que él mismo cuidaba y hoy, además de los 8 caballos de su propiedad, cuida a otros 80 caballos.

"Aquí voy a morir. Si algo quiero en este mundo son los caballos; cuido y aprendo de ellos, pero lo que más me gusta es ganar", comenta Don Adán de 64 años de edad.

Y alguien que ha heredado ese gusto por la competencia es Adan Farias Jr., uno de sus ocho hijos. "Casi soy hijo de caballo", comenta Adan con un simpático sentido del humor.

En febrero de este año Adan Jr. se convirtió en el primer entrenador hispano en convertirse en el entrenador más importante de Los Alamitos. Eso lo consiguió por cantidad y calidad de caballos.

"Acá, por lo general, el que controla es el 'gringo' y el latino es el que trabaja. Éste es el único establo donde todos somos mexicanos, pues éste no le tiene miedo al trabajo, es dedicado y conoce del tema, por eso ves más de ellos por acá", comenta Adán Jr. Y cuando habla de su padre no puede evitar respirar profundo.

"Me siento orgulloso de que él se sienta orgulloso de lo que he logrado. Esto es una bendición", concluye.

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José Díaz
Don José, el velador de caballos

Hace treinta años que José Díaz vela los sueños de los caballos y hace cuatro años que los hace en Los Alamitos. El empieza a trabajar a las 6 de la tarde y sale a las 4 de la mañana, hora en la que los preparadores le toman la posta.

Su trabajo no debe ser el más codiciado del mundo, todo lo contrario, menos aún sabiendo que este mexicano gana unos 1,600 dólares sal mes por hacerlo. Sin embargo, para este hombre de 58 años de edad es una bendición poder trabajar con caballos, algo que ha hecho desde que vivía en México. "Cuido a 40 caballos y los conozco a todos. Los miro y sé qué les pasa. Son animales, claro, pero bien entendidos... Es más, a veces siento que entiendo mejor a los caballos que a algunas personas", comenta Don José.

No todas las cuadras cuentan con una persona que cuide de los caballos mientras duermen, pero Don José señala que su trabajo es fundamental porque "nunca falta" alguien que ingresa sin autorización al área de los establos a robarse algo o a hacer cosas "que no se deben". Él se siente orgulloso de su puesto, especialmente de lo que ha logrado.

"Me gustaría ser entrenador algún día, pero la verdad es que exigen muchos requisitos. Igual con esto he criado a mi familia acá y mis tres hijos son profesionales, algo que en México habría sido muy duro lograr", concluye.