Especial Día de las Madres
'Es muy bonito ser mamá. Es la mayor dicha que nos da Dios'
9 de mayo, 2008
Una de ellas tuvo que lidiar con los desafíos de cuidar a 18 hijos, la otra enfrentó la adversidad de reponerse de un terrible accidente vehicular y la tercera sacó adelante a sus hijos por si sola y les enseñó a abogar por la justicia. Sus vidas son muy diferentes, pero lo que une a estas mujeres es que lo hicieron por el amor a sus hijos y con un sentimiento materno que derrumba cualquier obstáculo. Estas son sus historias que, sin duda, se repiten en cada rincón de Los Ángeles y donde se encuentre una madre.
En Navidad no es raro que María Murillo utilice 40 libras de masa para cocinar tamales. Las cenas pueden ser caóticas, con algunos de sus hijos comiendo en la mesa del comedor, en la sala de su hogar o, simplemente, parados. Los dos cuartos de la casa parecen barracas con literas apiladas una junto a la otra. A la hora de ir al baño, unos entran y otros salen y el volcán de ropa de lavar nunca disminuye.
Yo lavo todo el día, todos los días. Trabajo lavando los 365 días del año. Hasta en Navidad echo ropa a lavar. No paro, dijo Murillo, de 58 años de edad y originaria del pueblo de Tenamaztlán, Jalisco, México. Y no es de menos, pues en su pequeña casa de Santa Mónica aún viven nueve de los 18 hijos que tuvo.
Es muy bonito ser mamá. Es la mayor dicha que nos da Dios, expresó Murillo, el miércoles por la noche, rodeada de algunos de sus hijos y sus nietos. Los hay prácticamente de todas las edades y sus fechas de cumpleaños.
Sin embargo, a pesar de la cantidad de hijos y nietos, la letanía de nombres y edades le surgen al instante al preguntarle sobre ellos: Leticia, de 41 años; Juan Carlos, de 38; Delia, 37; Sofia, 36; César, 34; María, 33; Marisela, 31; Juana, 30; Jorge; 28; Daniel, 27; Adrián; 26; Daisy, 25; Joel, 24; Alejandro, 22; Christopher, 21; Bryant; 19; Liliana, 17 y Guadalupe 16.
El primer embarazo llegó cuando ella tenía 18 años, un año después que ella se juntara con su esposo y padre de todos sus hijos. Como fiel devota católica, nunca consideró anticonceptivos.
Es cosa que ya Dios me los mande. Nunca me cuide para tener familia. Ahora, cuando voy a la iglesia, me aplauden cada vez que voy. 'Hay viene la señora que tiene 18 hijos' dicen cuando voy, expresó. Para mi es una bendición de Dios.
Contó que la producción familiar se detuvo "cuando Dios quiso", después de la pérdida de dos gemelas debido a complicaciones de salud durante el embarazo y de otro hijo que falleció a los tres meses de haber nacido.
El doctor dijo que no podía tener más familia porque mi matriz estaba muy cansada, relató Murillo.
Con una extensa descendencia y sin muchos recursos, Murillo y su esposo tuvieron que arreglárselas como pudieron.
Al principio fue muy duro, expresó la madre, al recordar que en esos años duraba dos horas por las noches bañando a sus hijos uno por uno.
Y como si fuera poco, nunca utilizó pañales desechables, sino de tela, dijo. Teníamos una tendedera allá afuera y ahí tendíamos los pañales, dijo.
Luego, sus hijos más grandes empezaron ayudar y Murillo se convirtió en la sargento de la casa, dijo Marisela, una de sus hijas.
Ella era la sargento y nosotros las tropas. Todos teníamos un papel que jugar. Ella supo como delegar las tareas para que se hiciera todo, expresó.
Murillo agradece el apoyo de sus hijos y la ayuda económica que dieron desde muy pequeños. Desde muy chicos empezaron a trabajar. Tenía dos que trabajaban en McDonalds, una barría y otra era cajera. También trabajaron en supermercados... donde fuera, dijo.
Pero esos sacrificios son pocos comparado con la alegría que hoy se vive en los días festivos y en especial el Día de las Madres, cuando sus 18 hijos y 19 nietos se juntan en la casa para halagar a la jefa de familia.
El regalo más grande que me dan es que vengan. Cuando ellos no están, yo me siento sola, dijo. Quisiera tenerlos aquí a todos, pero no se puede porque ya varios tienen sus familias. Cuando se me juntan todos los nietos y los hijos, no necesito más invitados, porque con todos los niños aquí, es como estar de fiesta.
En Navidad no es raro que María Murillo utilice 40 libras de masa para cocinar tamales. Las cenas pueden ser caóticas, con algunos de sus hijos comiendo en la mesa del comedor, en la sala de su hogar o, simplemente, parados. Los dos cuartos de la casa parecen barracas con literas apiladas una junto a la otra. A la hora de ir al baño, unos entran y otros salen y el volcán de ropa de lavar nunca disminuye.
Yo lavo todo el día, todos los días. Trabajo lavando los 365 días del año. Hasta en Navidad echo ropa a lavar. No paro, dijo Murillo, de 58 años de edad y originaria del pueblo de Tenamaztlán, Jalisco, México. Y no es de menos, pues en su pequeña casa de Santa Mónica aún viven nueve de los 18 hijos que tuvo.
Es muy bonito ser mamá. Es la mayor dicha que nos da Dios, expresó Murillo, el miércoles por la noche, rodeada de algunos de sus hijos y sus nietos. Los hay prácticamente de todas las edades y sus fechas de cumpleaños.
Sin embargo, a pesar de la cantidad de hijos y nietos, la letanía de nombres y edades le surgen al instante al preguntarle sobre ellos: Leticia, de 41 años; Juan Carlos, de 38; Delia, 37; Sofia, 36; César, 34; María, 33; Marisela, 31; Juana, 30; Jorge; 28; Daniel, 27; Adrián; 26; Daisy, 25; Joel, 24; Alejandro, 22; Christopher, 21; Bryant; 19; Liliana, 17 y Guadalupe 16.
El primer embarazo llegó cuando ella tenía 18 años, un año después que ella se juntara con su esposo y padre de todos sus hijos. Como fiel devota católica, nunca consideró anticonceptivos.
Es cosa que ya Dios me los mande. Nunca me cuide para tener familia. Ahora, cuando voy a la iglesia, me aplauden cada vez que voy. 'Hay viene la señora que tiene 18 hijos' dicen cuando voy, expresó. Para mi es una bendición de Dios.
Contó que la producción familiar se detuvo "cuando Dios quiso", después de la pérdida de dos gemelas debido a complicaciones de salud durante el embarazo y de otro hijo que falleció a los tres meses de haber nacido.
El doctor dijo que no podía tener más familia porque mi matriz estaba muy cansada, relató Murillo.
Con una extensa descendencia y sin muchos recursos, Murillo y su esposo tuvieron que arreglárselas como pudieron.
Al principio fue muy duro, expresó la madre, al recordar que en esos años duraba dos horas por las noches bañando a sus hijos uno por uno.
Y como si fuera poco, nunca utilizó pañales desechables, sino de tela, dijo. Teníamos una tendedera allá afuera y ahí tendíamos los pañales, dijo.
Luego, sus hijos más grandes empezaron ayudar y Murillo se convirtió en la sargento de la casa, dijo Marisela, una de sus hijas.
Ella era la sargento y nosotros las tropas. Todos teníamos un papel que jugar. Ella supo como delegar las tareas para que se hiciera todo, expresó.
Murillo agradece el apoyo de sus hijos y la ayuda económica que dieron desde muy pequeños. Desde muy chicos empezaron a trabajar. Tenía dos que trabajaban en McDonalds, una barría y otra era cajera. También trabajaron en supermercados... donde fuera, dijo.
Pero esos sacrificios son pocos comparado con la alegría que hoy se vive en los días festivos y en especial el Día de las Madres, cuando sus 18 hijos y 19 nietos se juntan en la casa para halagar a la jefa de familia.
El regalo más grande que me dan es que vengan. Cuando ellos no están, yo me siento sola, dijo. Quisiera tenerlos aquí a todos, pero no se puede porque ya varios tienen sus familias. Cuando se me juntan todos los nietos y los hijos, no necesito más invitados, porque con todos los niños aquí, es como estar de fiesta.
